Cuando a Einstein se le ocurrió la Relatividad estoy seguro de que nunca le cruzó la mente que no sólo estaba dando vida a un gran adelanto en la ciencia, sino que también ampliaba aún más el abanico de los pretextos. Hoy en día, creo que no hay nadie que sepa quién es. “Ah, sí, ese que reprobaba matemáticas pero luego fue un genio…”, “sí, el de la foto de loco…”. A él le debemos la capacidad de los jóvenes de decir ahora que TODO, pero en serio TODO es relativo. Que las calificaciones reflejan nuestro conocimiento, es relativo. Que si relativamente te gusta esa chava, y sobre todo, que si llevamos mucho tiempo en internet. Relativamente, papá, relativamente.
Relativo quiere decir que algo no es absoluto, que no es objetivo. Por lo tanto, es subjetivo, sujeto a diferentes apreciaciones. Las unidades de tiempo parecen ser una constante que regula nuestra vida diaria, pero terminamos dándonos cuenta de que ni el tiempo es igual para todos.
El otro día fui al gimnasio. Generalmente lo hago para acreditar horas deportivas en la Ucol, pero últimamente me temo que se ha hecho una sana [palabra muy rara en mi vocabulario] costumbre xD. Yo, de signo acuario, parezco astrológicamente obligado a llegar tarde a donde sea que me dirija. Voy dos horas a la semana [ya sé que eso no me pondrá como rambo, pero no me preocupa], de 5 a 6 pm. Entrando a la zona donde están las máquinas de ejercicio, consulto mi reloj del celular: las 5 horas con 8 minutos. Perfecto, me he ahorrado 8 minutos. Hoy, todo parece estar al revés, porque los lugares que normalmente están desiertos, están ocupados, y los que se abarrotan casi en filas de espera al más puro estilo friki de star wars medio mes antes del estreno de la película en el cine, solos. “Noooo haaaay pedoooo” diría El Ferras. Me voy a una de esas máquinas de tortura.
Pasa el tiempo. Después de mis 40 series de 800 repeticiones de pesas con 35 kilogramos [es que ando con flojera, no me dan ganas de hacer las 50 series con 50 kilos de rutina para calentar], decido que de esa máquina he tenido suficiente, y dejo todo en su lugar. Naturalmente, los metales se han doblado y están calientes, por lo que no le queda de otra a los demás que esperar a que vengan a traer una nueva. Pero ya basta de mí.
Vuelvo la mirada al reloj del gimnasio. A este paso ya deben de ser las 5:20 o 5:25. Pero en un sin-sentido total y absoluto, el reloj marca impasible las 4:45. Mi primer pensamiento es que con mi suprema fuerza al levantar todo eso ha hecho que la entropía del universo altere el curso del tiempo, y que este vaya hacia atrás. Joder con la calidad de los relojes en los gimnasios. Seguramente se trata de un macabro plan de mi instructor [el cual nunca me ha instruido, cabe mencionar] para hacer que todos hagamos mucho ejercicio, y terminemos igual de boludos que él. Y digo boludos porque es del tipo de personas que ya no tienen músculos, sino bolas, literal. Casi que no se pueden tocar la nariz con la punta del dedo índice. Eso no es calidad de vida, no señor.
ACTUALIZACIÓN, gracias a Erroserrante por hacérmelo notar: Pero mi ensoñación terminó cuando pregunté la hora a un compañero al que ni siquiera le hablo, pero que vi que traía celular [yo lo dejo en la mochila, es parte de descansar de la tecnología :D] y me respondió:
“Las 5 y cuarto.” Ante mi desconcierto agregó: “Ah, es que ese reloj está parado desde ayer.”
Y ahí está la prueba tangible de que el tiempo es relativo, porque no eran las 4:45 ni las 5:20. Mientras uno hace cosas que le gustan, el tiempo se pasa rápido, y viceversa. Creo que para que quede bien establecido hasta debemos poner una Ley de Murphy:
“El tiempo tenderá a transcurrir con una velocidad inversamente proporcional al deseo que tienes de que sea de la otra forma”. Oséase, si lo quieres lento, irá rápido, y si lo quieres rápido, irá lento. Fácil.
A mí me dejó de gustar usar reloj de pulsera porque la gente no deja de preguntarte la hora, y entonces tú no puedes olvidarte de ella. Ahora, gracias a Dios [el del Spaguetti Volador, claro], puedo leer la hora en el sabor de la corteza de las avellanas [???].
De acuerdo, esa última frase no debería haberla escrito.
Escrito en Del Mundo Real, Ni de aquí ni de allá [varios]
Etiquetas: einstein, friki, gimnasio, ley de murphy, murphy, opiniones, relatividad, tiempo
Comentarios Recientes